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AgroExportados: Desde España, la historia del agrónomo que estudia cómo la IA va cambiar el mundo que conocemos

“La IA no va a remplazar a un agrónomo jamás, porque en el campo trabajamos con variables naturales, las reales, pero sí estoy convencido de que quien la use como una herramienta va a poder te...

AgroExportados: Desde España, la historia del agrónomo que estudia cómo la IA va cambiar el mundo que conocemos

“La IA no va a remplazar a un agrónomo jamás, porque en el campo trabajamos con variables naturales, las reales, pero sí estoy convencido de que quien la use como una herramienta va a poder te...

“La IA no va a remplazar a un agrónomo jamás, porque en el campo trabajamos con variables naturales, las reales, pero sí estoy convencido de que quien la use como una herramienta va a poder tener más capacidad de procesamiento de datos y tener más información en la toma de decisiones”, dice el agrónomo Juan Manuel López Correa, quien desde hace 6 años está formándose en inteligencia artificial aplicada al agro, a la medicina y a lo que sea. Literalmente, porque hace un año fundó una startup para encontrar pisos compartidos en España.

Juan Manuel es mendocino, estudió agronomía en Río Cuarto, Córdoba, y hace ya dos años que vive en Mallorca. En realidad, cuando se fue por primera vez de Argentina el destino fue Francia, cuando obtuvo una beca en una maestría en sistemas de información geográficos aplicados a la agricultura en la École Nationale Supérieure Agronomique de Toulouse.

Los años fuera del país trajeron muchos proyectos. En el sur de París  hizo una investigación en un laboratorio de Visión Artificial  donde trabajaban en la detección de Mildiu en Vid, una enfermedad clave en viñedos, a través de técnicas de inteligencia artificial. Luego, con el apoyo de Conicet y buscando dónde hacer pasantías para crecer, conoció a Dionisio Andújar, investigador titular del Centro de Automática y Robótica (CAR) de España y empezó a trabajar con él en la construcción de pulverizadores selectivos de malezas a través de visión artificial.

Tras estas instancias de investigación, un contrato de trabajo lo llevó a la Universidad Politécnica de Cataluña-Barcelona Tech. Era un proyecto de investigación aplicado a bioInformatica donde trabajaban con IA y proteínas. Allí, en cuatro años, se doctoro con Ph.D en inteligencia artificial, un hito que Américo Degioanni, su profesor de la Universidad Nacional de Río Cuarto, había alentado tiempo atrás.

Agronomía, inteligencia artificial, Europa, su startup y millones de nuevos desafíos. Toda esa historia la escribió junto a Laica, su perra y fiel compañera. Otra linda historia de AgroExportados, “argentinos vinculados al campo, por el mundo”.

-¿Dónde naciste y te criaste? ¿Algún vínculo con el campo y la ruralidad en esa infancia?

-Nací en Mendoza, pero mi padre era agricultor y tenía una finca pequeña. Pasaba mucho tiempo en el campo, teníamos caballos y nunca me aburría.

-Cuando llegó el momento de estudiar, ¿por qué elegiste agronomía?

-Siempre me gustó el campo, y decía que no quería estar encerrado en una oficina. De ahí salió la idea de estudiar agronomía. El campo marcó mi infancia, no hay dudas.

-¿Cómo, cuándo y en qué contexto te llegó la oportunidad de irte afuera por primera vez? 

-Cuando fui a Francia tenía unos 26 años (hoy tengo 34). Fue en Toulouse, en el sur francés, una ciudad muy bonita y conocida por su desarrollo en el área espacial y aeronáutica. Fue un desafío importante. Nos presentamos en la universidad a un programa de becas francesas para hacer un máster (Argfagri), y junto con las ayudas sociales de vivienda en Francia pudimos vivir allá. Técnicamente, muchas cosas no entendíamos, lo que lo hizo aún más desafiante, tanto académicamente como en lo personal. Nos alojábamos en la residencia universitaria, y recuerdo que las primeras eran como “conejera” con habitaciones de 9 metros cuadrados. La maestría duró 8 meses y luego de unas prácticas, casi un año.

-Después te fuiste a Cataluña, España, a hacer un doctorado. ¿Qué podrías contar de esa experiencia?

-En lo personal, el doctorado fue muy desafiante pero también una etapa muy linda. Trabajaba con investigadores que te hacían pensar todo el tiempo. Era muy interdisciplinario, un gran entrenamiento. Me metí de lleno en la informática y la inteligencia artificial. Aprendí mucho a pensar en formato científico, sobre todo con la inteligencia artificial, porque hoy hay muchas plataformas conectadas a software de IA, pero no es lo mismo: lo importante es el modelo científico que corre detrás. Hay mucha ciencia atrás de la inteligencia artificial, que actualmente permite abordar problemas complejos de agronomía, medicina y otros rubros.

-¿En qué trabajaste durante el doctorado?

-Durante mi doctorado trabajé en la detección de malezas con cámaras e inteligencia artificial. Mi proyecto se llamaba “Reconocimiento de Malezas por Visión Computacional y Modelado 3D en el Cultivo de Soja: Una aproximación a la reducción del uso de herbicidas”. Se combinaba mi beca de Conicet con el trabajo en el Centro de Automática y Robótica dirigido por Dionisio Andujar y la colaboración de Facundo Bromberg, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial Dharma de la Universidad Tecnológica de Mendoza.

-¿De qué se trataba?

-Una cámara delante del tractor detectaba y clasificaba malezas resistentes y no resistentes a glifosato para que la pulverizadora pudiera hacer la aplicación específica. Creamos un modelo para detectar eso y publicamos ese trabajo en la revista “Computer and Electronics in Agriculture”. Lo importante es el aprendizaje automático con datos. Al final, eso es la IA.

-¿Cómo definirías hoy a la IA?

-Cada día este concepto se agranda. Yo estoy en la línea del aprendizaje automático. Son como neuronas (modelos computacionales) interconectadas que van aprendiendo en base a los resultados y resuelven problemas matemáticos, visuales, predictivos.

-¿Qué cosas se vienen? ¿Qué has visto o estudiado?

-La captura de datos es imprescindible. Hoy falta esa conexión entre la captura de datos automatizados en el campo, de todo tipo, y su procesamiento vía inteligencia artificial. Pero una vez que el campo esté más conectado y con datos georreferenciados, ahí empieza a trabajar esa IA. El cerebro humano no puede procesar todos esos datos, pero una IA puede ver miles de variables y encontrar correlaciones rápidamente. Cuantos más sensores y recolección de datos haya, mejor para la búsqueda de soluciones.

-¿Se te ocurre algo práctico de lo que se viene en IA aplicada al campo?

-La IA se vincula bastante con la robótica, pero no hay que confundirlas. La IA procesa datos y da respuestas; lo demás es tecnología de robótica, electrónica, realidad aumentada o gemelos digitales. Yo creo que la IA va a jugar un papel fundamental en la eficiencia en el uso de agua y predicción de escenarios para la toma de decisiones.

-¿Qué estás haciendo hoy?

-Hoy estoy preparando la exposición de la tesis de doctorado para junio en la UPC y, en paralelo, tengo un emprendimiento llamado “Studio de IA”, donde creamos todo tipo de aplicaciones. Hicimos una app para compartir pisos en Europa que usa mucha gente acá, se llama “mynexus.es”, que empezó como un hobby y terminó creciendo mucho.

-¿Qué es lo que más te gusta de lo que hacés hoy?

-Programar, sin duda. Cambiaron mucho mis gustos, creo que eso me desafía y así se aprende todo el tiempo.

-¿Programar son puros números?

-Eso ha cambiado muchísimo y sigue cambiando. Cuando aprendí hace cuatro años en Francia, tipeaba el código letra por letra, número por número. Hoy en día, es directo con una IA: le pedís, por ejemplo, que arme una base de datos y ya no se escribe más código. Por eso digo que la IA no nos va a reemplazar: no es un súper cerebro, son muchas neuronas y hay que usarla como herramienta. Para mí es algo que me ayuda, pero no me va a hacer la logística del software, ni decidir por qué está conectado de una manera u otra. Lo mismo para un agrónomo: está bueno usarla para resolver cosas. Es a nuestro favor, no en contra.

-¿Dónde quedó el agrónomo que vive o vivía en vos?

-Todavía está, porque vivo en un lugar tranquilo, en Mallorca, donde comparto piso con amigos. No me dedico a la agricultura porque hago otra cosa y estoy recién arrancando, pero a futuro seguro algo voy a hacer. En esta zona la agricultura está destruida por el turismo, de hecho, había empezado un proyecto de hidroponia que me parece interesante para esta zona porque tienen problemas con el agua.

-Contame de esa aplicación que diseñaron para encontrar pisos compartidos.

-Fue algo muy loco. Aquí en España hay un gran problema de acceso a la vivienda, especialmente para nosotros, los inmigrantes. Las inmobiliarias cobran comisiones altísimas y precios por las nubes, y como no tenemos garantes familiares, es imposible. Además, piden meses de adelanto y cobran en efectivo. Entonces, creamos una app para que las personas se unan, armen grupos y alquilen directamente a propietarios sin intermediarios. Ya le ha dado pisos a más de 400 chicos en Palma de Mallorca y Barcelona. Por eso se llama Nexus, “tu tribu urbana”.

-Estuviste unos meses viviendo en Ceuta, en una “aceleración” de la aplicación de pisos compartidos. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Se lo presentamos a Telefónica y nos aceleraron. Estuvimos 8 meses impulsando la app, aprendiendo de otros emprendedores y saliendo al mercado. Fue como una universidad empresarial, lo recomiendo mucho.

-En todo este camino tenés una linda historia con Laica, tu perra. Contame cómo te ha acompañado en todas esas movidas…

-Uff, sí, fue mi compañerita de viaje. Era una perra que rescaté en Mendoza, viajó por todos lados conmigo y falleció el año pasado. Fue una gran compañera, principalmente en la universidad. Acumulé una experiencia gigante viajando con ella.

-¿Qué extrañás de tu vida en Argentina?

-Mi familia, el fútbol de todas las semanas, y a mis amigos de toda la vida. Tengo un vínculo muy fuerte con ellos, incluso somos socios en emprendimientos. Y la comida, por supuesto. Igualmente, a Argentina voy todos los años, las vacaciones son allí para mí porque si no, no vale la pena estar lejos. Uno de mis objetivos es poder estar unos meses allá y otros acá, pero falta mucho trabajo para eso.

-¿Qué comidas extrañás?

-La milanesa con puré y el asado. Te confirmo que tenemos la mejor carne del mundo.

-¿Qué carne compras en España?

-Entraña o chuletón, que es la costeleta nuestra. Pero de vez en cuando, acá se come mucha menos carne porque no es buena y es cara.

-¿Qué no extrañás de tu vida en Argentina?

-Las peleas de partidos políticos, entre familia y amigos. Aunque muchas veces las iniciaba yo.

-¿Qué comidas incorporaste?

-Principalmente la tostada con jamón. Es pan con aceite de oliva, tomate rallado, sal y arriba una feta de jamón. Está buenísima.

-De lo que has conocido, ¿qué lugar recomendarías para un argentino que quiera ir de turista? ¿Conociste algún lugar poco conocido que te sorprendió?

-Si están de turistas, recomendaría el sur de España, todos los pueblos. También Ceuta, que es España pero está del lado de África. Es hermosa la ciudad y hay vuelos baratos. Todos los pueblitos son hermosos y baratos, ideal para hacerlo como mochilero.

-¿Se gana igual, más o menos que en un puesto similar al tuyo en Argentina?

-Es una discusión común entre colegas acá. ¿Qué te queda al final? El tema vivienda está complicado, se lleva el 60% de un sueldo alto. El salario básico es un alquiler mínimo, entonces terminás compartiendo vivienda. Mantenerlo es carísimo, de un mes a otro te queda poco, y los sueldos acá son bajos comparados con otros lugares de Europa. España está pasando por una crisis complicada en inmigración y vivienda. En Argentina valoro que se puede vivir más barato, tenés más acceso a un alquiler o podés ir construyendo tu casa de a poco. Aquí es realmente complicado, salvo que te comprometas a una hipoteca toda la vida.

-¿Y los sueldos en agricultura?

-Son un poco más altos, de entre 1600 y 1800 euros. Pero en España no es mucho.

-¿Qué le recomendarías a alguien que, como vos, esté pensando en hacer una experiencia afuera? ¿Por dónde empezar? ¿Qué tener en cuenta?

-Ir con un objetivo, planificarlo antes. En la parte estudiantil, que fue mi camino, hay que buscar todas las posibilidades, porque hay mucho intercambio en distintos países, no solo en los típicos como Estados Unidos o España.

-¿Cómo imaginás tu futuro? ¿Qué proyectás? ¿Volverías?

-Valoro mucho que mi trabajo es online. Quiero volver a Argentina, lo estoy planificando. Pero estar en este lugar me marcó mucho, fueron muchos años y tengo lazos también.

Fuente: https://bichosdecampo.com/agroexportados-desde-espana-la-historia-del-agronomo-que-estudia-como-la-ia-va-cambiar-el-mundo-que-conocemos/

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